En la actualidad, la conexión entre la alimentación y la salud de la piel es innegable. La piel actúa como indicador clave del estado de nuestro cuerpo.
La piel tiene múltiples funciones: actúa como barrera protectora, nos permite percibir el entorno y también comunica nuestro estado físico y emocional a los demás.
Frecuentemente, la piel revela señales de intolerancias alimentarias y problemas digestivos.
En el caso de la rosácea, mejorar la salud de la microbiota intestinal mediante la incorporación de alimentos prebióticos y probióticos puede conducir a una notable mejoría.